Estructura y estilo en la narrativa de José Castro Urioste
Blas Puente-Baldoceda
Northern Kentucky University
Dentro del marco de la transtextualidad o la relación que
existe entre textos, específicamente dentro del cuarto tipo denominado
hipertextualidad, cabría explicar relación que une al texto B Aun viven las
manos de Santiago Berrios (1991)
de José Castro Urioste, denominado hipertexto, y el texto precedente Crónica de una muerte anunciada (1981) de Gabriel García Márquez,
denominado hipotexto. Esta relación de copresencia entre los dos textos esta
lejos, obviamente, de la citación o el
plagio; al contrario, la afinidad tiene un carácter de alusión en la medida
que la significación de enunciación novelesca del texto B presupone la
percepción por parte del lector de una
interrelación con el texto A. A modo de ilustración para aclarar lo dicho: La Eneida y el Ulises son en cierta grado y de diferente modo, dos
hipertextos de un solo hipotexto: La Odisea. Ahora bien, la hipertextualidad
se manifiesta a través de un proceso transformativo de dos tipos: la
transformación que se opera entre texto A y texto B puede ser descrita como
simple o directa (la transposición de las acciones de La Odisea al
Dublín del siglo veinte), o puede ser descrita como compleja o indirecta
(Virgilio relata las aventuras de Eneas inspirándose en el modelo genérico
–formal y temático—establecido por Homero). Esta imitación es una
transformación aun más compleja que involucra la presencia de un modelo textual
que genera representaciones miméticas, el cual no puede consumarse sin la
adquisición de un control cognitivo de orden parcial del modelo, o de una inflexión
textual específico que el escritor se propone emular.
En el caso de Aun
viven las manos de Santiago Berrios Castro Urioste extrae del modelo
ciertos rasgos temáticos, actantes, onomástica, modalidad genérica, pero,
indudablemente, todas estas apropiaciones son tratadas narrativa y
estilísticamente dentro de la realidad ficticia con una impronta
incuestionablemente original. Dicho de una manera simple y directa: Castro
Urioste nos cuenta la historia de los Berrios de una manera diferente a la de
García Márquez, a despecho de las resemblanzas ligitimados por la transtextualidad
que define justamente una la vertiente que podría catalogarse como la
literatura de la literariedad. La presencia cultural garciamarqueana se halla
presente en la nouvelle de Castro Urioste una manera beneficiosa ya que dicho
escritor cuenta con el talento necesario para servirse de ella.
A riesgo de cometer un equívoco, se asume que le lectura de Crónica de una muerte
anunciada causó un profundo impacto en la experiencia literaria del
escritor peruano. Es más: no sólo fue intenso el goce estético sino minucioso
el conocimiento de dicha obra que al momento de escribir Aun viven las
manos de Santiago Berrios se filtraron transposiciones onomásticas
probablemente de manera involuntaria tales como el nombre de las víctimas de
los crimenes es Santiago en ambas obras. Asimismo, el caso de los Amador: uno
es cura en texto A y el otro es uno de los narradores-protagonistas del texto
B. Las dos Clotildes: la una, Armenta, de Crónica dueña de la tienda de
leche que fue la primera en ver a Santiago Nasar en el resplandor del alba y le
pareció ver ya un fantasma; la otra, Santos, de Aun viven que se enamora y seduce a Sacarías, a quien
señalan como el asesino de Santiago Berrios, no sabemos si justa o
injustamente, detalle que funciona como el dato escondido para intensificar el
suspenso y acicatear la imaginación del lector. Obviamente, podría objetarse
que dicha similitud constituye una mera coincidencia, aunque también podría
argüirse que fue una selección exprofesa por parte del autor implícito probablemente
con la intención explícita de
reescribir el modelo con una sello personal, hipótesis de mi lectura que el
escritor puede darse el trabajo de confirmar o descartar categóricamente. En el
caso de estas transposiciones de orden onomástico podría tratarse de
transformaciones simples y directas. En otros casos cabría hablar de
transformaciones indirectas y complejas: la modalidad genérica del realismo
mágico que en Crónica se centra en los sueños de Santiago Nasar y sus
coincidencias proféticas con la realidad, rasgo de la cultura popular, en Aun
viven es más drástica ya que Sacarías persuade a sus árboles de
olivos amanecer cargados de aceitunas para obtener una buena cosecha, aunque
existe otro hecho que no se asemeja al modelo sino que se deriva de sedimento
mágico-mítico de la cultura andina: la lectura de los hojas de coca para
adivinar el pasado o el futuro. Otra de las transformaciones complejas o
indirectas vendría a ser el registro temporal en fechas, horas y minutos de
los eventos que se concatenan en el itinerario de los carniceros o matarifes
en camino de cometer sus horrendos crímenes acuciados por un ciego sentimiento
de venganza. Finalmente, la transporsición de actantes, como el caso de las
dos cocineras-testigos,
Ahora bien, ¿cuáles son los rasgos idiosincráticos de Aún
viven las manos de Santiago Berrios --en palabras del prestiogioso crítico
peruano Antonio Cornejo Polar—le aseguran un lugar en las más exigentes
antologías del nuevo cuento peruano? En primer lugar, la nouvelle de Castro
Urioste esta estructurada por una secuencia de fragmentos cortos e
correlacionados temáticamente al modo de vasos comunicantes cuyas voces
narrativas se transmiten en un skaz o estilo oral. En realidad, el carácter
colectivo de la transmisión de la cultura popular (leyendas, mitos, cuentos,
chismes) se refleja en la frecuencia de expresiones del discurso indirecto regido
tales como: “dicen que”, “me contaron que” “cuentan que”, etc. Esa polifonía de voces narrativas (la del narrador,
la de Amador, la de Clotilde Santos) que transmite dicho saber colectivo con diferentes perspectivas o puntos de vista
(texto B) es una superación de la univocidad de la voz narrativa y el punto de
vista de la narración individual (texto A). O sea, mientras Crónica está
limitada por la monoglosia, Aun vive se enriquece por la heteroglosia.
Como quiera que sea, esto explica de algún modo la ubicuidad espacial y
temporal de la narración: por un lado, existe un narrador que resuelve el
problema de omnisciencia acudiendo al saber colectivo de los personajes cuyas
versiones testimoniales contribuyen a la cronología de los eventos y a la
caracterización de los actantes. No obstante, narrador que no es Amador ni
Clotilde Santos, participa de los hechos narrador, es decir, está dentro de la
diégesis de la realidad ficticia, y por esa razon no solo tiene acceso al saber
colectivo de los testimonios, sino
también al pasado de los personajes. Este movimiento pendular entre la eje
sincrónico de las acciones de la diégesis se nutre del eje diacrónico de las
restrospecciones para la construcción de los personajes. Por ejemplo, con
respecto a la conjunción isotópica de sexismo, violencia congénita y el machismo, se rememora la
reyerta entre los hermanos Victor y Manuel por causa de la prostituta Violeta
como consecuencia de la cual muere el segundo años después, se rememora las
legendarias competencias para lograr el record máximo de fornicaciones en los
burdeles en las que participó el finado
Estanislao Vergas, se rememora las proeza física de Juano que consistía en
doblegar a los toros, todo esto se rememora, pues, con el propósito de
explica, corroborar o justificar dichas tendencias en el comportamiento de
Santiago, el Chusco, Ernesto y Amador. Sin embargo, en la configuración de los personajes no se
cae en el tipismo maniqueísta ya que Santiago ama a los niños, Sacarías se
apiada y auxilia al sarnoso y medio loco del pueblo, Santacruz, Amador es
romántico y cultiva un amor platónico por Julia, Tencha y Clotilde Santos son
conscientes de la opresión sexual en incluso la segunda se enamora y toma la
iniciativa en seducir Sacarías. El momento epifánico de la nouvelle es cuando
el lector se entera de que el loco Santacruz, fugitivo que cometió un gran
desfalco y luego desperdició el dinero, incrimina a Sacarías por la muerte de
Santiago, como resultado de la tortura física y psicológica a la cual lo
someten Amador, el Chusco y Ernesto, quienes en el fondo duda de su
culpabilidad: “Nadie imaginó que el hermano y los primos pensaban que alguien
tan poco dado a las peleas como Sacarías pudiese haberlo matado (25)” Finalmente,
en cuando a la estilización del sustrato oral se advierte artificios de orden
léxico y sintáctico que plasman una modulación discursiva con la
espontánea fluidez del habla cotidiana
de las capas populares del sur peruano. No es un traslado del dialecto
regional sino una recreación estilística tan eficaz y coherente con el punto
de vista de los narradores, el tiempo narrativo, la psicología de los
personajes, la organización espacial de la historia, que convence a los
lectores que solamente con esas palabras, frases y ritmos podía ser contada la
ficción de Aun viven las manos de Santiago Berrios.
Ahora bien, en cuanto al segunda obra ¿Y tú que has hecho?, es
una novela en primera persona de carácter retrospectivo en cuya estructura narrativa se manifiesta
mediante un yo-narrador y un yo-narrado que refleja una relacion de
sujeto/narración y objeto/experiencia. Por un lado, existe un narrador que con
experiencia y sabiduría y humor elucida e interpreta a distancia las incertidumbres
y confusiones de su edad temprana; por otro, lado, existe otro narrador que se
identifica plenamente con su pasado que reactualiza vívidamente la experiencia.
En el primer caso estamos frente a una narración disonante o autorial,
mientras que en el segundo, frente a narración consonante o figural.
Obviamente, en la primera el punto de vista o focalización se centra en el
yo-narrador, en el segundo, en el yo-narrado. En lo que sigue tratare de
examinar la estructura narrativa de ¿Y tú que ha hecho? manejando
dichos conceptos de narratologia . Desde
un principio de la novela el narrador se
propone escribir sus memorias de la experiencia vivida desde su nacimiento.
Memorias o diarios íntimos son formas literarias que se vehiculizan
novelísticamente en primera persona mediante la mimésis formal que consiste en
la estilización del habla oral. Este proceso narrativo que se propone una
cognición retrospectiva de la vida anterior la recrea ficticiamente ya que no
puede tener acceso al momento en que fue vivida la experiencia pasada. Ahora
bien, los lectores se preguntan si ¿Y tú que has hecho? es una
autobiografía o una ficción autobiográfica. La respuesta narrotológica sería la
siguiente: no es una autobiografía porque no existe un pacto autobiográfico que
dictamina una relación de identificación entre el autor, el narrador y el
personaje. Se trata, al contrario, de una narración homodiegética cuya ficcionalidad
está determinada por una relación de no identidad entre dichos elementos,
aunque el lector virtual cuenta con el previlegio sospechar que Ernesto que
lleva el sobrenombre de Tito es parcialmente, en realidad, un alter ego del
autor y, al mismo tiempo, narrador de la novela. El problema que plantea ¿Y
tú que has hecho? es el mismo que presenta Gide con Si le grain ne meurt,
un texto autobiográfico en el cual al autor rastrea sus años de juventud, y L’Inmoralist,
novela en primera persona. Ya que ambas obras contienen numerosos elementos
autobiográficos, la crítica en un primer momento concluyó que no existen
diferencias fundamentales. En esas novelas de Gide y en la de Castro Urioste
se requiere un gran esfuerzo para discriminar lo que es exclusivamente ficticio
de lo que es exclusivamente registro de la memoria. En otros términos, como
distinguir lo que pertenece a la confesión personal y el recuerdo puro, y lo
que resulta de la transposición y utilización literaria. Un análisis interno del texto y no una
información paratextual –una entrevista con el autor--, es el único modo de
responder a la interrogante. En la primera página de la primera parte el
yo-narrador mediante una narración disonante enuncia el propósito de registrar
mediante la escritura los recuerdos de la memoria, pero cuando selecciona
ciertas experiencias cruciales del yo-narrado de cuando contaba solo 6 entre
las cuales la del beso y la erección estimulada por la niña Adriana y la
amistad con algunos de sus compañeros de estudios de la escuela primaria,
relevantes para el posterior desarrollo de la trama, la narración se torna
consonante con focalización interna en el protagonista. Esta inserción del niño
en el entramado social se contextualiza históricamente mediante la mención del
referente peruano: el golpe de estado por Velasco Alvarado que depuso al
presidente Belaunde en el año de 1968, lo cual es una fase del subtexto
político que va a enmarcar el relato de vida de Ernesto. ¿Acaso no es un índice
de ficcionalidad que el hablante, o narrador narrado, mediante un estilo oral,
fabule ora seleccionando los eventos cruciales, ora acortando la distancia
narrativa para reactualizar vívidamente la experiencia vivida mediante una
focalización interna por parte del protagonista?. Sea como fuere, en la segunda
parte de la novela, mediante una sucesión de ritos iniciaticos que son comunes
entre los púber y adolescentes del contexto peruano –descubrimiento y práctica
del onanismo, asistencia a fiesta, primer enamoramiento, decepción amorosa,
estragos de la infedelidad, bares, prostíbulos—se va configurando una novela de
aprendizaje. El narrador narrado de estirpe romántica ama apasionadamente a
Adriana, pero esta le revela que tiene un novio, Adolfo, que al enterase del
romance y la infedelidad le propina una paliza, de modo que se produce una
ruptura. Asimismo, el subtexto político que se menciona por el momento al
margen comprende una serie de asuntos
tales como el nacionalismo a ultranza, opresión militarista, corrupción
e inestabilidad del poder político.
En la tercera parte de la novela la presencia del discurso
directo de los diálogos en combinación
con el discurso indirecto libre sirven para expresar la focalización interna de
los personajes que son tratados por el narrador narrado en tercera persona, ya
que el grado de omnipresencia y ominisciencia como narrador de primera persona
le resulta restringido. Con este tipo de narración heterodiegética de tipo
actorial, el narrador se designa a si mismo con el apelativo de “el peruano
perseguido”. Si bien en cierto que en la primera y segunda parte de la novela
el autor se concentra en la personificación de los participantes, de modo que
el lector sepa cómo son cada uno de ellos, en la tercera parte, cuando algunos
de ellos cursan estudios universitarios o ingresan a las fuerzas armadas o se
hacen subversivos o deciden emigrar a otros países, el lector se entera de la
actuación de cada uno de ellos frente a los conflictos o dilemas que les
presenta el contexto cuyo subtexto político es paralelo al devenir histórico
de la realidad peruana con sus problemas tales como emigración masiva de
provincianos a la capital, la emigración a otros países en busca de mejores
oportunidades, la subversión, la represión política, la opresión de la mujer,
cuyo origen no es sino una profunda crisis económica, unas democracias ineptas
y corruptas. El narrador narrado conoce a Julia, una madre soltera que le
dobla la edad, prima de Mañuco, que lo familiariza no sólo con el sexo sino con
el ambiente literario de Lima, aunque todavía enamorado profundamente de
Adriana, su primer amor. La tensión dramática se intensifica cuando apresan al
Tanque Rudy por subversivo, lo envían a la isla penitenciaria del Frontón,
donde muere como consecuencia del bombardeo que efectúa la marina para sofocar
una sublevación de los presos. Orteguita, el hijo de Ortega, un coronel que
recibió un puñetazo del padre de Ernesto, recibe un balazo en la refriega y
Mañuco, compañero de armas, se salva por quedarse en la retaguardia, y cuando
desembarca recibe el abrazo moribundo de Tanque Rudy. Cuando les revela al
resto del grupo se produce una gresca. Al poco tiempo, Ernesto o Tito, que ya
cohabita con Julia, tiene que abandonar el país como perseguido político ya
que el departamento que le compraron sus padres, es allanado porque sus
inquilinos resultaron ser subversivos. ¿Ahora bien, es todo esto autobiografía
o ficción? Bueno, los padres le hacen una llamada telefónica de larga distancia
a Tito para comunicarle que el gobierno ha concedido una aministia general. De
pronto, leemos sobre el retorno de Ernesto a Tacna donde sus amigos le ofrecen
un gran recibimiento con abundantes platos tipicos de la región y todos están
ahora ventrudos y canosos y han cambiado rumbos en sus vidas. La fabulación de
este evento encaja tan perfectamente que el lector piensa que realmente ocurre
dentro de la diégesis, pero no es así, es un sueño, una ficción más creada por
un fabulador de un talento incuestionable.
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